martes, 19 de junio de 2012


Comienzo...

El día 5 de junio del 2012 se me intervino para colocarme una prótesis de cadera, y como creo que lo más fastidiado de estas cosas es el no saber, sobre todo si se ha de esperar bastante antes de la intervención, voy a compartir mi experiencia por si le vale a alguien y de paso le sube el ánimo.

No soy ni médico ni estoy relacionado con nada de la salud. Así que esto son solo los comentarios de la experiencia de una persona normal de las muchas que han pasado por esto.
A mi me dijeron cosas del tipo “nada hombre, ni te preocupes, eso son cuatro días”, “pues yo conozco a la vecina de la cuñada del peluquero, que…..”, “Bah!!! Eso no es nada….”, etc.

Pues bien, no son cuatro días, cada cuerpo es un mundo, y si, es algo.

Lo primero de todo y a modo de referencia voy a dar unos datos. Tengo 48 años, mido 1.83 y peso 130 kilos. Aunque no lo parezca todo esto es importante.

No se decir con claridad cuando empecé a tener molestias en la cadera, pero hace unos 20 años aproximadamente. Eran pequeñas molestias de las que siempre culpaba o bien al peso (siempre fui “fuerte”), bien al tipo de calzado que utilizaba, solía ser fuerte, o a que me excedía confiando en mi fuerza y siempre hacia burradas bien en el trabajo o en otras acciones físicas.
Los últimos tres años que estuve trabajando, ya consumía calmantes como caramelos. A veces no podía ni dar dos pasos sin soltar un par de lagrimones, e iba a peor.

A raíz de quedarme sin trabajo me fui al traumatólogo para ver que era lo que pasaba y cuando vio las radiografías no tuvo ninguna duda.

Desgaste de la cabeza del fémur derecho por artrosis, había que poner una prótesis sin remedio.

Bien, con esas noticias y andando con dificultad, ya que al terminar de trabajar deje de auto-medicarme, me inscribí en la lista de espera para que me pusieran la prótesis.

Eso fue en Mayo del 2011. A partir de ese momento empezó una carrera emocional de larga distancia, en la que se supo cuando se empezaba, pero no cuando iba a finalizar. Pero me agarraba a la esperanza de que se me iba a operar y a quitarme ese dolor que, pasando los meses, iba a más y estaba condicionando mi vida.

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